Sueños entre Prince y Prince

By Fernando de Lama & Verónica Carmona (Diario de Ibiza)

De la beatífica macarrería de Zahara al espítitu punk digital de León Benavente, la segunda edición del festival Sueños de Libertad ha llenado de emoción este fin de semana el cine Regio en su primera jornada acústica, y el Recinto Ferial de Ibiza en la segunda eléctrica, a la que acudieron 2.200 personas. Un botón de ejemplo de la música española actual para un encuentro con mucho recorrido.

Entre Prince y el artista que ya siempre se llamará Prince, así transcurrieron las dos jornadas de la segunda edición del festival Sueños de Libertad. Desde que Ángel Carmona (RNE3) pidió un minuto de aplausos –cronometrado– para él en el inicio del concierto acústico del viernes en el cine Regio, hasta que sonó ´Kiss´ por los altavoces tras el último taconeo de Nita de Fuel Fandango sobre las tablas del Recinto Ferial hubo condimentos para todos los gustos: unos toques de americana, un pellizco flamenco, suspiros pop, rabia electropunk, polvo del desierto de Arizona, una pizca de nostalgia, algunas sorpresas vocales, pelambrera para rellenar mil almohadas, un toque de madonnismo, gotas de intimidad, sol radiante y hasta una lluvia finísima. Y también arte –aunque un problema burocrático dejara la galería a la intemperie–, y artesanía y algunas performances y comida local y rica, algo muy de agradecer…

Recinto ferial. 23 abril: Mirando al cielo
Cuando los tres grupos ibicencos –Stone Corners, The Frigolos y Ryser & The Lemons– subieron al escenario del Recinto Ferial, el 87 por ciento –cifra aproximada– de las más de 2.200 personas que asistieron al festival estaban tomando el aperitivo, comiendo o durmiendo la siesta y aún no habían decidido ni qué ponerse para la cita. Así que los tres se enfrentaron al sol de la tarde ante un recinto ralo al que poco a poco le iba creciendo la gente.

Al sol aún salió Ángel Stánich, más pelocho que nunca, mientras alguien entre el público sugería que pagaría por ver su foto del DNI. Pero Ángel no tiene horror vacui y mientras pedía al público que se acercara sin temor machacó a conciencia el escenario con sus patas de alambre al ritmo de descargas como ´Metralleta Joe´ o ´Chinaski´. El ímpetu le llevó a bajarse al burladero de los fotógrafos y vérselas pardas para volver al escenario y a pegarse un revolcón en el entarimado antes de la despedida.

Arizona Baby le puso banda sonora a un atardecer de cine. Mientras tocaban ´Shiralee´ con su heavy acústico 0 destilaban ´Dieciséis toneladas´, los últimos rayos naranjas del sol atravesaban las primeras nubes grises. Y mientras se encendían los focos Javier Vielva filosofaba entre canción y canción a través de su tupida barba.

A Quique González se le hizo de noche y en más de un sentido. Hasta tres veces saltó el sonido mientras desplegaba su ambición americana con siete músicos en escena. A la tercera puso cara de ´me largo´, pero cinco minutos después volvió y achinó mucho los ojos para intentar meterse de nuevo en harina y que lo hiciera el público. Pese al lastre lo dio todo y su público se entregó con clásicos como ´La ciudad del viento´, ´Salitre´, ´Pequeño rock and roll´ o ´Kamikazes enamorados´. Nina de Juan aguardaba al fondo su momento bajo un cartel de Asturiana de Zinc, hasta que llegó su tema, ´Charo´, que se va a convertir en un clásico a la velocidad de la luz.

Resumen del concierto de León Benavente en dos palabras: BRU TAL. Del indie rockero al punk electrónico en dos pasos. Energía, letras entre la crítica social y el existencialismo básico, intensos recitados sobre espinosas alfombras sonoras. Su nuevo disco, ´2´, es bueno, pero el directo es apabullante, con Abraham Boba desatado, saltando, pateando los instrumentos, lanzando las baquetas al cielo o tocando los teclados con el pie del micro, y sus colegas con los instrumentos bien afilados en hits como ´Gloria´. Hasta las finas gotas de lluvia que empezaron a brillar bajo los focos –y que no fueron a más– le daban un ambiente irreal al momento.

Y para rematar un poco de felicidad. Porque la sonrisa, la voz y el movimiento flamenco de Nita deFuel Fandango pueden alumbrar el día más oscuro. El dúo Ale-Nita desgranó los temas de su último disco, más electrónico que nunca, y algunos de los más conocidos de los dos anteriores entre faroleos de abanico para poner a bailar a un Recinto Ferial ya lleno y con un público que los esperaba con ganas. Gritos de «guapa» desde el cemento y muchos «gracias» desde el tablao para terminar con un ´Salvaje´ que para ser el primer concierto de la gira parecía que llevaban tocando toda la vida. Además, ya se la sabía hasta el gato. Terminaron con toda la banda y el organizador del festival, Adrián Rodríguez, haciendo reverencias.

Cine Regio. 22 abril. De Carmen Boza a M Clan
Pero el caramelo de este festival fue la primera jornada en el cine Regio, la mejor y más acogedora sala de conciertos de la isla, con el aire vintage de sus butacas rojas y esa acústica tan seca y tan cálida. Carmen Boza abrió el fuego sobre un escenario muy acogedor, rodeada de fotos de Bob Marley, Jimi Hendrix, James Brown y hasta de una lámpara de mesa.

Se esperaba a una gaditana suave y apareció una bomba. Voz poderosa, una guitarra que escalaba de lo más íntimo hasta la explosión y mucha simpatía. Hasta cosechó aplausos cuando se le escapó la baba y ella lo agradeció entre risas: «Esto es lo más grande que me ha pasado».

Zahara regresó a la isla para dar otra muestra de su inteligencia y humor fino. De su elegancia en una versión de ´Lucha de gigantes´ para enmarcar y de ese aire entre ángel y demonio o entre macarrería y candor. Buscaba las cosquillas al público y las encontró en esa performance final en la que se madonnizó para interpretar ´Caída libre´ por los pasillos del cine, mientras el público acompañaba a gritos el rompedor estribillo: «Yola mola mil».

Y para cerrar una noche de emociones, M Clan, una banda que siempre es más con menos. Una propuesta mínima, casi rústica: Carlos Tarque sentado en una silla cantando y Ricardo Ruipérez en la de al lado tocando la guitarra. Pero la voz y la naturalidad y el carisma de Tarque parten en dos a los escépticos.

El murciano echó al público al saco a la voz de ya. A la segunda canción estaba todo el mundo en pie y cuando hicieron el ademán de sentarse a la tercera Tarque les ordenó que se quedaran levantados y ya no hubo marcha atrás. Cantaron cuando él quería que cantaran, aplaudieron a un gesto suyo y movieron las manos siguiendo sus instrucciones sin pestañear y sin perder la sonrisa. Éxtasis con ´Llamando a la tierra´, la versión de la Steve Miller Band, con ´Souvenir´ y hasta con otras piezas escondidas de su repertorio más añejo, para terminar con el patio de butacas patas arriba en ´Carolina´, en la que ya prácticamente no se oía su vozarrón con tanto coro.

¿Y el año que viene qué?

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